Vhils y Bordalo II: Los Dos Artistas Que Pusieron a Lisboa en el Mapa del Street Art Mundial

En la historia del arte callejero europeo hay ciudades que definen épocas y artistas que definen ciudades. Lisboa es la ciudad que en los últimos veinte años ha pasado de ser una capital artística periférica a figurar en el top cinco de los destinos de arte urbano de Europa, y hay dos nombres que explican esa transformación mejor que cualquier otro: Alexandre Farto, conocido mundialmente como Vhils, y Artur Bordalo, conocido como Bordalo II. Dos artistas nacidos en el mismo año, en la misma ciudad, que desarrollaron lenguajes completamente distintos pero que comparten el mérito de haber puesto a Lisboa en el mapa del arte callejero mundial.

Vhils: El Hombre que Talla la Historia de las Ciudades

Los Orígenes: De Seixal a las Calles de Lisboa

Alexandre Farto nació en 1987 en Seixal, una ciudad industrial en la orilla sur del Tajo, justo enfrente de Lisboa. Creció en un entorno obrero marcado por la industria y por la decadencia de esa industria, un entorno donde las paredes de los edificios eran el único lienzo disponible para expresarse. Empezó a pintar en las calles a los trece años, primero con tags simples, luego con letras elaboradas y finalmente con figuras que iban más allá del lenguaje del graffiti convencional. En esos años de adolescencia en los suburbios industriales del área metropolitana de Lisboa desarrolló una sensibilidad hacia los muros como objetos con historia propia, como estratos de tiempo acumulado que le acompañaría toda su carrera.

La experiencia formativa clave fue su traslado a Londres para estudiar en el London College of Communication, donde se graduó en diseño gráfico. La exposición a la escena artística londinense, una de las más vibrantes del mundo a mediados de los años dos mil, y el contacto con artistas de arte callejero que operaban con ambición y con seriedad artística, transformó su visión de lo que el arte callejero podía ser. Cuando regresó a Lisboa traía no solo una formación técnica sino también una concepción del arte callejero como práctica artística legítima y con dimensión filosófica propia.

La Técnica: Restar en Lugar de Añadir

Lo que diferencia a Vhils de prácticamente cualquier otro artista de arte callejero del mundo es que su técnica consiste en quitar material de las paredes, no en añadirlo. Mientras que el graffiti y la mayoría del arte callejero trabajan añadiendo capas de pintura o papel sobre la superficie, Vhils trabaja al revés: usa cinceles, taladros, ácido y en algunos casos explosivos controlados para eliminar las capas superiores del muro y revelar lo que hay debajo.

Lo que hay debajo de las paredes de las ciudades es historia: capas de pintura de diferentes épocas, carteles publicitarios de décadas pasadas, revocos aplicados en diferentes momentos, ladrillos de diferentes períodos constructivos. Cada capa es un documento del tiempo, y el proceso de Vhils es un proceso de arqueología urbana en tiempo real. Sus retratos se forman en ese espacio entre capas: figuras humanas que emergen del muro como si siempre hubieran estado ahí, esperando que alguien las liberara.

La filosofía que subyace a esta técnica es tan importante como la técnica misma: Vhils no añade algo nuevo al mundo, revela lo que el mundo ya contiene. Las ciudades son organismos vivos con memoria, y esa memoria está literalmente inscrita en sus paredes. Cada muro que Vhils interviene se convierte en un documento de la historia de la ciudad, mucho más honesto y más rico que cualquier placa conmemorativa oficial.

La Proyección Internacional: Del Túnel de Banksy a Beirut

El momento decisivo en la carrera internacional de Vhils llegó en 2008, cuando Banksy lo invitó a participar en el Cans Festival de Londres, uno de los primeros grandes festivales de arte callejero legal en el Reino Unido. La pieza que Vhils realizó para ese festival, un retrato tallado en los muros del túnel de Leake Street en Waterloo, fue fotografiada y difundida masivamente en internet antes incluso de que terminara el festival. De la noche a la mañana, el nombre de Vhils apareció en todos los medios especializados en arte callejero del mundo.

Desde entonces, Vhils ha trabajado en decenas de ciudades de todo el mundo. En la Rua Latino Coelho de Lisboa tiene una de sus piezas más accesibles y más representativas de su período de madurez. En París ha tallado retratos en paredes del distrito de la Ópera que hoy son piezas de referencia del arte callejero de la ciudad. En Shanghái participó en la Exposición Universal con una instalación de gran escala. En Miami, los muros del Wynwood Walls, el espacio de arte callejero institucionalizado más visitado de Estados Unidos, tienen dos piezas suyas que son de las más fotografiadas del recinto.

Pero quizás la pieza más emocionalmente poderosa de toda su trayectoria es el mural que realizó en Beirut poco después de la explosión del puerto en agosto de 2020. Mientras la ciudad todavía estaba cubierta de escombros y la comunidad internacional debatía sobre ayuda humanitaria, Vhils fue a Beirut y talló en una pared destrozada por la explosión el retrato de una joven libanesa. La imagen, que circuló por todo el mundo, era un memorial al mismo tiempo que una afirmación de la vida y de la resistencia. Difícilmente podría existir un mejor ejemplo de cómo la técnica de Vhils y su filosofía se convierten en herramienta para hablar de lo que importa.

El Mercado del Arte: Precios y Coleccionismo

Vhils está representado por la Underdogs Gallery en Lisboa y por Metro Pictures en Nueva York, dos de las galerías más respetadas en sus respectivos contextos. Sus obras en papel y en material, los dibujos preparatorios y las pequeñas piezas que completan su práctica artística junto a los murales, alcanzan precios que van desde diez mil euros para obras en papel de formato pequeño hasta varios cientos de miles de euros para instalaciones de gran formato. Sus libros, especialmente el volumen monográfico Vhils Selected Works, son referencias de coleccionista que se agotaron en primera edición y circulan en el mercado de segunda mano a precios elevados.

Bordalo II: El Artista que Hace Animales con Basura

Los Orígenes: El Nieto del Caricaturista

Artur Bordalo nació en 1987, el mismo año que Vhils, pero su historia familiar es completamente diferente. Es nieto de Rafael Bordalo Pinheiro, el caricaturista más famoso de la historia de Portugal, creador del personaje Zé Povinho, la figura del campesino portugués que se convirtió en símbolo cultural nacional en el siglo XIX. Ese linaje familiar no es un detalle anecdótico: explica tanto la facilidad instintiva de Bordalo II para el trabajo con formas figurativas y simbólicas como la conciencia que tuvo desde el principio de que el arte puede tener una función social y política directa.

Bordalo II empezó pintando graffiti en las calles de Lisboa en los años dos mil, y su trabajo inicial era el de cualquier artista de su generación: letras elaboradas, personajes estilizados, experimentación con el color. La transformación decisiva llegó cuando empezó a experimentar con materiales tridimensionales, añadiendo objetos encontrados en sus pinturas. El paso de la pintura bidimensional a la escultura construida con materiales de desecho no fue un salto brusco sino una evolución gradual que se fue consolidando entre 2012 y 2015 hasta convertirse en la práctica que lo ha hecho mundialmente conocido.

La Técnica: Animales Construidos con los Residuos que los Amenazan

La técnica de Bordalo II tiene una lógica conceptual perfecta, casi poética en su coherencia: crea grandes esculturas de animales utilizando los materiales de desecho y residuos industriales que son precisamente los que amenazan la supervivencia de esos animales. Un águila construida con parachoques de coches, llantas viejas y tuberías oxidadas. Un oso hecho de cubos de pintura aplastados, cables eléctricos y piezas de maquinaria descartada. Un rinoceronte ensamblado con materiales de construcción abandonados. La paradoja visual que genera esa combinación es inmediata y poderosa: lo feo, lo descartado, lo que debería ser invisible, se convierte en la materia prima de lo bello y de lo amenazado.

La escala es fundamental en el trabajo de Bordalo II. Sus piezas suelen tener entre cuatro y quince metros de altura, dimensiones que las hacen visibles desde lejos y que les dan una presencia en el paisaje urbano que ninguna pieza de arte convencional podría tener. La escala también es, en sí misma, un comentario sobre el problema ambiental que el artista denuncia: los residuos que produce la sociedad de consumo son también monumentales, aunque hagamos todo lo posible por no verlos.

Los materiales son siempre locales: cuando Bordalo II trabaja en una ciudad nueva, busca sus materiales en los vertederos, las chatarrerías y los espacios abandonados de esa ciudad específica. Esto hace que cada pieza esté enraizada en el contexto donde se instala, que sea un comentario específico sobre los residuos que esa ciudad produce y no una importación genérica de material de otro lugar.

Piezas Clave en Lisboa y en el Mundo

En Lisboa, las piezas de Bordalo II están distribuidas por varios barrios, siendo las de Marvila y Mouraria las más accesibles y representativas. El gran felino en la Rua Rodrigues de Faria y el rinoceronte en un almacén de Marvila son paradas obligatorias en cualquier ruta de arte callejero lisbonense. En Alcântara, cerca del Puente 25 de Abril, tiene una pieza de oso que es especialmente impactante por su escala y por la calidad de los materiales utilizados.

A nivel internacional, Bordalo II ha trabajado en docenas de ciudades. En Miami tiene piezas en los Wynwood Walls que son de las más visitadas del espacio. En Londres ha intervenido en varios barrios del este de la ciudad. En Ciudad del Cabo realizó una de sus piezas más emotivas, una figura animal construida con materiales de desecho encontrados en los townships de la ciudad. En Tokio, en Copenhague, en São Paulo: la lista de ciudades donde Bordalo II ha dejado huella sigue creciendo año a año.

Sus colaboraciones con organizaciones ambientales han añadido una dimensión de activismo directo a su práctica artística. Ha trabajado con WWF en campañas de concienciación sobre especies amenazadas, y sus piezas han sido utilizadas por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente como parte de campañas globales de comunicación. Esa legitimación institucional de su trabajo no ha reducido su frescura ni su presencia callejera: Bordalo II sigue instalando piezas en espacios no autorizados en paralelo a sus proyectos institucionales.

El Estudio y el Proceso

El estudio de Bordalo II en Alcântara es, cuando está abierto al público en eventos especiales, una experiencia en sí misma: montañas de materiales de desecho clasificados por tipo y color, maquetas a escala de piezas en proceso, herramientas industriales para cortar y soldar metal. El proceso de creación de una pieza de Bordalo II es también un proceso de investigación y de recolección que puede llevar semanas antes de que la pieza empiece a tomar forma física. Su cuenta de Instagram, @bordaloii, documenta ese proceso con una generosidad que permite seguir el desarrollo de cada proyecto desde los primeros bocetos hasta la instalación final.

El Impacto en Lisboa: Cómo Dos Artistas Cambiaron una Ciudad

Antes de 2008, Lisboa no aparecía en ningún ranking ni en ninguna guía seria de arte callejero europeo. La ciudad tenía una tradición rica de azulejería y de arte público convencional, pero el arte callejero era una práctica marginal que no había producido nombres con proyección internacional. La irrupción de Vhils en el festival de Banksy en 2008, seguida unos años después por el trabajo de Bordalo II, cambió completamente esa situación.

El éxito internacional de ambos artistas funcionó como una señal para el mundo del arte callejero: Lisboa era un lugar donde pasaban cosas interesantes. Las galerías especializadas, empezando por la propia Underdogs fundada por Vhils y Pedro Saraiva en 2010, empezaron a traer artistas internacionales que dejaban piezas en los muros de la ciudad. Los coleccionistas y los curadores de arte contemporáneo empezaron a incluir Lisboa en sus circuitos. Los festivales de arte callejero, como el Muro, empezaron a organizarse con una regularidad y una calidad que atrajeron la atención de los medios internacionales.

El impacto económico en barrios como Marvila ha sido tan real como el impacto cultural. Los alquileres han subido, los establecimientos de hostelería de nivel han proliferado y el turismo cultural ha aumentado significativamente. Es un proceso de gentrificación con todas sus contradicciones, que desplaza a los residentes más vulnerables al mismo tiempo que genera riqueza y actividad cultural. La escena del arte callejero lisbonense, liderada por artistas como Vhils y Bordalo II, no está al margen de esas contradicciones: las habita y, en el mejor de los casos, las pone en cuestión desde el propio trabajo.

Lo que es indiscutible es que Lisboa figura hoy en los primeros puestos de todas las listas de capitales europeas del arte callejero, junto a Berlín, Londres y Barcelona. Que Vhils y Bordalo II son nombres reconocidos en el circuito del arte contemporáneo global, no solo en el del arte callejero. Y que Marvila, el barrio que los acoge con más intensidad, se ha convertido en un destino artístico de primer orden que no existía hace veinte años. Eso, en cualquier idioma y en cualquier escala, es una transformación extraordinaria.