La escena se repite en cualquier barrio pintado de Europa. Alguien llega con una lista de quince murales guardada en el móvil, abre el mapa, y descubre que en la calle estrecha entre naves no hay ni datos ni señal decente. Media hora después va dando vueltas y ha visto seis piezas de las quince.
El problema no es la cobertura. Es haber delegado el itinerario en un servicio que necesita conexión para funcionar. Un archivo con las coordenadas dentro, cargado antes de salir, resuelve el mismo trabajo sin depender de nada.
Esto es el método completo: de dónde sacar las coordenadas, cómo ordenarlas, con qué programas libres se monta el archivo y qué límites reales tiene el sistema una vez estás en la calle con el teléfono en la mano.
Lo que hace falta antes de empezar
- Una lista de murales con dirección o referencia de calle, no solo con foto.
- Un ordenador, aunque sea media hora. Montar el archivo en el móvil es posible y es incómodo.
- Un editor de mapas gratuito que exporte en formato abierto.
- Una aplicación de mapas sin conexión en el teléfono, con el mapa de la ciudad ya descargado.
- Media hora de trabajo previo por ciudad, que se recupera con creces el primer día.
Nada de esto cuesta dinero. Todas las piezas del proceso tienen alternativa libre y probada, y ninguna exige cuenta de usuario si no se quiere.
Qué gana una ruta de murales con GPX frente a un mapa online
Una ruta de murales con GPX gana en tres cosas concretas y pierde en dos, y conviene tener claras las cinco antes de invertir la tarde.
Gana en independencia: el archivo vive en el teléfono, funciona en modo avión y no se cae porque el servicio esté saturado o porque el operador no dé cobertura dentro de un patio industrial. Gana en propiedad: la lista es tuya, se edita, se comparte y se conserva años. Y gana en precisión: cada parada lleva sus coordenadas exactas, no una dirección aproximada que el buscador interpreta como quiere.
Pierde en actualidad, porque el archivo refleja el momento en que lo montaste y no sabe que un muro se ha repintado la semana pasada. Y pierde en comodidad, porque hay media hora de trabajo previo que un mapa en línea no exige.
El cálculo se inclina claramente a favor en cuanto la ruta tiene más de ocho o diez paradas, o si el barrio es de los que dan problemas de señal. Para tres murales en el centro de una capital, no compensa.
Qué guarda por dentro un archivo GPX
Es un archivo de texto con estructura XML, ligero hasta el absurdo: veinte paradas ocupan unos pocos kilobytes. Se puede abrir con cualquier editor de texto y leerlo a ojo, lo que resulta muy útil cuando algo falla.
Guarda tres tipos de elemento y conviene no confundirlos. Los puntos de interés son paradas sueltas con su latitud y longitud, y es lo que corresponde a cada mural. La ruta es una secuencia ordenada de puntos que indica por dónde ir. Y la traza es el registro de por dónde has pasado de verdad, que graba el teléfono mientras andas.
Para este uso, lo importante son los puntos de interés. Cada uno admite nombre, descripción y a veces un símbolo, aunque el soporte del símbolo varía mucho de una aplicación a otra y no conviene depender de él.
Las coordenadas van en grados decimales sobre el sistema de referencia mundial habitual, con la latitud primero. Con cinco decimales la precisión ronda el metro, que es más que suficiente para encontrar una pared. Añadir más decimales no aporta nada.
Que sea texto plano tiene una ventaja práctica poco conocida: si una aplicación se atraganta con el archivo, se abre en el editor de texto del ordenador y casi siempre se ve el problema a simple vista, normalmente una tilde mal codificada en el nombre de una parada o una etiqueta sin cerrar. Se corrige, se guarda y funciona.
De dónde salen las coordenadas de cada mural
Hay cuatro fuentes y se pueden mezclar. La primera es el mapa abierto: se localiza el punto, se pide la posición y se copian los dos números. Funciona con cualquier mapa serio y es lo más rápido cuando ya sabes dónde está la pared.
La segunda son tus propias fotos. Si el teléfono guardó la posición, cada imagen lleva las coordenadas dentro y se pueden extraer con cualquier visor de metadatos. Es la mejor manera de reconstruir una ruta que ya hiciste y quieres repetir con alguien.
La tercera es la dirección postal, convertida a coordenadas con un geocodificador. Sirve para las piezas documentadas con calle y número, aunque el resultado cae en el portal del edificio y no en el testero, que puede estar a treinta metros. Conviene corregir a mano sobre el mapa.
La cuarta, y la más productiva, es consultar directamente la base cartográfica abierta, que ya tiene miles de murales catalogados por gente que los mapea. De eso va el apartado siguiente.
Sacar los murales de OpenStreetMap con una consulta

El mapa colaborativo del proyecto cartográfico abierto etiqueta las obras de arte público con una categoría propia, y dentro de ella distingue el tipo: mural, grafiti, escultura o instalación. Esa distinción es la que permite pedir solo lo que interesa.
La herramienta para consultarlo se llama Overpass y tiene una versión en el navegador que no exige instalar nada. Se escribe una consulta breve pidiendo los elementos etiquetados como obra de arte cuyo tipo sea mural, limitados al recuadro que se ve en pantalla, y se ejecuta.
El resultado aparece dibujado sobre el mapa y se descarga en varios formatos, uno de ellos el que nos interesa. En una ciudad con escena documentada salen entre veinte y doscientos puntos en unos segundos.
Dos advertencias. La primera es que el catálogo depende de voluntarios: hay ciudades muy bien cubiertas y otras casi vacías, y la ausencia de puntos no significa ausencia de murales. La segunda es que muchos registros no llevan autor ni fecha, así que habrá que completar a mano lo que importe.
Aun con esas limitaciones, es el punto de partida más rápido que existe. Y tiene una ventaja moral: lo que se corrige o se añade queda para el siguiente que consulte.
El procedimiento completo, paso a paso
- Reúne la lista en una hoja o en un documento simple, con una línea por mural: nombre, autor si se sabe, calle y cualquier nota de acceso.
- Consigue las coordenadas de cada uno por cualquiera de las cuatro vías anteriores y añádelas en dos columnas.
- Vuelca los puntos en un editor de mapas gratuito en el navegador, que permita colocar marcadores sobre cartografía abierta.
- Corrige la posición a ojo. Mueve cada marcador al muro real, no al portal, mirando la vista aérea. Este paso es el que más tiempo ahorra después.
- Numera las paradas con dos cifras al principio del nombre, de la 01 en adelante, para que se ordenen solas en cualquier aplicación.
- Escribe la descripción de cada punto con lo que necesitarás en la calle: en qué lado está la pared, si se ve desde la acera de enfrente, a qué hora le da el sol.
- Traza el recorrido a pie entre los puntos, con un motor de rutas peatonales que exporte el resultado.
- Exporta el archivo y guárdalo con un nombre que incluya ciudad y fecha.
- Ábrelo en un segundo programa distinto del que lo generó. Es la única comprobación fiable de que el archivo está bien formado.
- Descarga el mapa de la ciudad en la aplicación del teléfono, con la ciudad completa y no solo el centro.
- Importa el archivo en el móvil y compruébalo con el modo avión activado, en casa, antes de viajar.
- Guarda una copia en el correo o en la nube. El archivo pesa nada y recuperarlo en destino sin él es imposible.
La primera ciudad lleva alrededor de una hora. A partir de la tercera, media.
Ordenar las paradas: el trabajo que ninguna aplicación hace sola
Aquí está el límite real del método. Ningún programa gratuito ordena quince paradas de manera óptima: ese es un problema clásico de cálculo que las herramientas de reparto resuelven con software de pago, y las aplicaciones de senderismo ni lo intentan.
La buena noticia es que a mano se resuelve bien. Con quince puntos sobre un plano, el ojo encuentra en cinco minutos un recorrido que estará a un diez por ciento del ideal, y ese diez por ciento son trescientos metros que no cambian el día.
El criterio que funciona es geográfico, no de interés. Se agrupan los puntos por manzanas, se recorre cada grupo entero antes de saltar al siguiente y se dejan para el final los que están cerca del transporte de vuelta. Volver sobre los pasos es lo que arruina las rutas largas.
Conviene además calcular el tiempo con honestidad. En ciudad, con semáforos y paradas, la velocidad efectiva anda por los tres kilómetros por hora. Doce murales repartidos en cuatro kilómetros, con cinco minutos delante de cada uno, dan cerca de dos horas y media. Pasar de quince paradas en una jornada rara vez sale bien, algo que también se nota al planificar un recorrido de varios días en una ciudad con cuestas.
Las aplicaciones libres que abren el archivo
| Herramienta | Para qué sirve | Dónde funciona | Límite |
|---|---|---|---|
| Editor de rutas en navegador | Dibujar el recorrido y exportar | Ordenador | No guarda proyectos sin cuenta |
| Consulta Overpass | Extraer murales ya catalogados | Navegador | Depende de lo que haya mapeado |
| Motor de rutas peatonales | Trazar el camino real entre paradas | Navegador | Interfaz áspera |
| Organic Maps | Navegar sin conexión | Móvil | Edición muy limitada |
| OsmAnd | Navegar y gestionar varias rutas | Móvil | La versión libre limita descargas de mapa |
| Conversor de formatos | Pasar de otros formatos al abierto | Ordenador | Sin interfaz amable |
Un aviso sobre los mapas personalizados de los grandes buscadores: permiten crear la lista con comodidad, pero exportan en un formato distinto que hay que convertir. La conversión es trivial con un conversor de formatos, pero es un paso más y una fuente más de errores.
En el teléfono, la elección práctica es sencilla. Si solo se quiere abrir el archivo y seguirlo, la aplicación más ligera basta y sobra. Si se van a manejar varias ciudades, varias rutas y capas de notas, conviene la más completa aunque tenga curva de aprendizaje.
Descargar el mapa y comprobar que funciona sin red
Este es el paso que más gente se salta y el que más rutas arruina. Tener el archivo en el móvil no sirve de nada si la aplicación necesita descargar la cartografía para dibujar las calles alrededor de los puntos.
La descarga se hace por región o por ciudad, con la conexión de casa, y ocupa entre cincuenta y trescientos megas según el tamaño del área. Conviene bajar la ciudad entera y no solo el distrito: las rutas de murales acaban saliendo del recuadro previsto casi siempre.
La comprobación es la parte importante y lleva dos minutos. Se activa el modo avión, se abre la aplicación, se carga la ruta y se comprueba que se ven las calles, los nombres y los puntos. Si aparece un fondo gris, falta el mapa.
Merece la pena repetir la prueba después de cada actualización de la aplicación, porque a veces la actualización mueve los archivos descargados y hay que volver a bajarlos. Descubrirlo en el aeropuerto sigue siendo mejor que descubrirlo en la calle.
En ciudades grandes conviene añadir una segunda capa: el mapa de transporte descargado aparte, o al menos una captura de pantalla de las líneas que se van a usar. La cartografía sin conexión dibuja las paradas, pero los horarios y las incidencias no viajan dentro del archivo, y eso importa cuando el recorrido cruza media ciudad. Es una precaución que se agradece especialmente en una ruta londinense con varios trasbordos.
Batería, primer enganche y otros límites reales

El posicionamiento por satélite funciona sin conexión de datos, y esa es la base de todo el método. Pero sin ayuda de la red, el primer enganche del día es más lento: entre medio minuto y un par de minutos, y peor si se sale del metro entre edificios altos.
El truco es sencillo: encender la localización unos minutos antes de llegar, con el teléfono a la vista del cielo. Una vez enganchado, mantiene la posición sin problema durante el resto del recorrido.
El segundo límite es la precisión en calle estrecha. Entre fachadas altas, la señal rebota y la posición puede desviarse veinte o treinta metros, justo en los barrios industriales donde más falta hace. Por eso conviene que la descripción de cada punto diga en qué lado de la calle está el muro: cuando el punto azul baila, la nota resuelve.
Y el tercero es la batería. El consumo grande no es del receptor, es de la pantalla encendida. Llevar el teléfono en el bolsillo entre parada y parada, con la ruta cargada, permite pasar una jornada completa; consultarlo cada treinta segundos, no. Una batería externa pequeña cubre el margen sin cargar peso, algo que también agradecen quienes preparan recorridos adaptados donde cada desvío cuenta.
El mismo archivo sirve para geolocalizar las fotos
Hay un beneficio que casi nadie aprovecha. Si durante el paseo se deja el teléfono grabando la traza, al llegar a casa esa traza permite poner coordenadas a todas las fotos hechas con una cámara que no tiene receptor propio.
El mecanismo es la hora. El programa compara la marca temporal de cada fotografía con la traza y le asigna la posición que ocupabas en ese instante. Los reveladores libres más usados incorporan esa función, igual que los catalogadores de fotografía.
La condición es tener el reloj de la cámara bien puesto, con la zona horaria correcta. El fallo clásico es cruzar una frontera horaria y olvidarse: todas las fotos aparecen desplazadas una manzana o un kilómetro, según el ritmo al que se anduviera.
Hay una manera de blindarlo. Al empezar el día, se fotografía la pantalla del móvil con la hora a la vista. Si después aparece un desfase, esa imagen da el desplazamiento exacto que hay que aplicar. Es el mismo tipo de disciplina de archivo que hace útiles las fotos de las piezas más buscadas del continente años después de haberlas hecho.
Y un apunte de método para rutas de varios días: exportar la traza de cada jornada por separado, con la fecha en el nombre. Un archivo por día se maneja; un archivo con una semana entera dentro se vuelve intratable.
Preguntas frecuentes
¿Funciona en el teléfono en modo avión?
Sí. El receptor de satélite es independiente de la red móvil, así que el punto azul se sitúa igual. Lo único que hay que tener resuelto de antemano es la cartografía descargada.
¿Sirve para iPhone y para Android?
Las aplicaciones de mapas sin conexión más usadas existen en los dos sistemas y leen el mismo archivo sin cambios. La importación se hace desde el gestor de archivos o compartiendo el fichero con la aplicación.
¿Puedo montarlo todo desde el móvil?
Se puede, pero cuesta el doble. Colocar marcadores con precisión sobre una vista aérea en una pantalla pequeña es lento y el resultado sale menos ajustado. Media hora de ordenador rinde mucho más.
¿Cuántas paradas caben en una jornada?
Entre doce y quince si están agrupadas, menos si el barrio es extenso. El error habitual es meter veinticinco y acabar corriendo delante de los últimos diez sin mirarlos.
¿Qué hago si un mural ya no existe?
Anotarlo en la descripción del punto con la fecha en que lo comprobaste y, si la fuente era el mapa colaborativo, corregirlo allí. La lista se vuelve más valiosa cuanto más registra lo que ha desaparecido.
¿Se puede compartir la ruta con otra persona?
Sí, es un archivo pequeño que se manda por correo o por mensajería. Quien lo reciba solo necesita una aplicación compatible y el mapa descargado de la misma ciudad.
Media hora delante del ordenador cambia por completo la naturaleza del día siguiente: en lugar de buscar direcciones con el teléfono en alto en mitad de la acera, se anda de muro en muro mirando las paredes. Que era, al fin y al cabo, el motivo del viaje.
